No contar NADA
Que una película sea llamativa dentro de su género no significa necesariamente que sea buena. Una película de acción puede tener explosiones espectaculares, y una de terror puede estar cargada de sangre, pero si no hay una narrativa coherente, una dirección cuidada o un desarrollo real de personajes, esos elementos se vuelven vacíos. El espectáculo no reemplaza la sustancia.
A veces confundimos "intensidad de estilo" con "calidad real". Una película debería poder sostenerse incluso si le sacás parte del impacto visual o del shock.
No digo que las explosiones o escenas de acción sean malas por sí mismas. Pueden sumar, si están bien usadas. Pero si el guion, los personajes o el ritmo fallan, entonces no alcanzan. Es como poner fuegos artificiales para tapar que no hay una historia sólida detrás.
Esto pasa en otros géneros también. En películas románticas o "sensuales", se abusa del sexo como si eso fuera suficiente para contar algo. Pero sin desarrollo emocional ni evolución de los personajes, termina siendo lo mismo que ver una porno con presupuesto: un espectáculo sin fondo.
Acá entra la teoría del cine y el análisis de género. Rick Altman1 distingue dos niveles en las películas: contenido semántico y sintaxis narrativa.
El primero incluye todos los elementos visibles, reconocibles y recurrentes dentro de un género: personajes, escenarios, objetos, acciones. Por ejemplo, sangre, monstruos o casas abandonadas en el terror; malentendidos o triángulos amorosos en las comedias románticas. Es lo que nos permite identificar rápido de qué tipo de película se trata.
La sintaxis narrativa, en cambio, organiza esos elementos: conecta los eventos, hace crecer a los personajes y hace avanzar los conflictos. Es lo que da coherencia y sentido más allá de lo llamativo.
Por ejemplo, La sustancia2 se promociona como gore y muchos la elogian solo por eso, pero el guion tiene huecos narrativos y decisiones que no se explican. Paprika3 es visualmente hermosa, pero a nivel narrativo deja ideas abiertas y poco desarrolladas. En ambos casos hay contenido semántico fuerte, pero la sintaxis narrativa falla. Por eso no se sostienen como buenas películas.
Ahora, claro, no todas las historias necesitan explicar cada detalle de su mundo o de su lógica interna. A veces dejar cosas a la imaginación ayuda a que la película no se vuelva lenta o pesada. El problema es cuando esto se lleva al extremo y se usa como excusa para no darle coherencia a la historia o para justificar decisiones arbitrarias que solo confunden al espectador.
Las normas de género funcionan como límites invisibles: establecen qué puede hacerse y qué espera el público. Por ejemplo, los misterios necesitan tramas bastante ajustadas para que todo tenga sentido, mientras que en comedias o melodramas las coincidencias o los accidentes son más aceptables. Muchas películas de estudio siguen estructuras conocidas —Planteamiento, Conflicto central, Desarrollo y Clímax, con un epílogo— que organizan los objetivos y conflictos de los personajes.
Dentro de estas reglas surge un equilibrio necesario entre coherencia y creatividad. Las normas ayudan a que la historia tenga sentido, pero si todo fuera idéntico dentro de un mismo género, resultaría predecible y aburrido. Por eso los cineastas buscan variaciones: en la forma, los giros de la trama o en cómo representan los elementos del género, manteniendo fresca la experiencia sin romper la lógica interna. Como dice Robert Warshow4: “la variación es absolutamente necesaria para evitar que el tipo se vuelva estéril; no queremos ver la misma película una y otra vez, solo la misma forma”.
Al final, una película no es buena solo por lo que muestra, sino por cómo nos hace sentir. Cada escena, cada giro y cada personaje debe encajar para contar algo que importe. Cuando contenido y forma se equilibran, y la creatividad se combina con coherencia, la película deja de ser solo entretenida y se convierte en algo que nos marca y permanece con nosotros mucho después de que terminan los créditos.
Rick Altman, profesor de cine y autor de Los géneros cinematográficos (donde analiza cómo los géneros se construyen y transforman) y Silent Film Sound (donde analiza cómo las convenciones sonoras moldearon la experiencia cinematográfica).
La Sustancia (2024), película de terror corporal y sátira feminista dirigida por Coralie Fargeat.
Robert Warshow (1917–1955), crítico y ensayista estadounidense, autor de The Immediate Experience, una colección de ensayos sobre cine, cómics y cultura popular.

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