秋の雨
デジタル記憶

¿Por qué los escritores depresivos consuelan a las personas sensibles?

 En los últimos días, he estado pensando en los síntomas que experimentó cuando me siento mal, sea cual sea la razón o el momento difícil por el que esté pasando. Al explorar estos pensamientos, descubrí que, usualmente, cuando me siento mal, aumenta mi deseo de leer autores que solemos llamar "depresivos" o, como dice mi madre, "libros cortavenas". Cualquiera podría pensar, en primera instancia, que se trata de alimentar el dolor con más dolor. Esto me recuerda a una conversación común sobre la música: cuando la gente está triste, le gusta poner canciones melancólicas casi para "llorar con el ambiente adecuado". Sin embargo, más allá de eso y centrándonos en la literatura, surge la pregunta:

¿Por qué sucede esto? ¿Por qué leer a Kafka, Osamu Dazai o Dostoievski cuando estamos tristes? 

(Para este análisis, usaré como ejemplos las obras Indigno de ser humano, de Osamu Dazai, y La metamorfosis, de Franz Kafka) .

Empecemos por lo que llamaré "positividad tóxica". Desde niños, se nos enseña que estar mal "está mal". Si estás triste, tu objetivo debe ser dejar de estarlo y sentirte "mejor"; si quieres llorar, la meta es evitar el llanto. Siempre el objetivo es salir de ese lugar incómodo de sentimientos que hemos decidido, social y biológicamente, que son negativos. En general, mantenemos la idea de que hay que evitar lo negativo por razones que parecen obvias; sin embargo, cuando hablamos de la humanidad y de los sentimientos, no deberíamos tratar el tema de manera tan simplista.

Debido a estas ideas, ante la tristeza, la pregunta desesperada a nosotros mismos suele ser: "¿Cómo salgo de aquí?". Suena como si quisiéramos huir constantemente. Es ahí cuando estos autores nos responden con una contrapregunta a esa costumbre: "¿Y si no sales de aquí y te dedicas a sentir tu dolor?". Naturalmente, es anti-intuitivo, ya que el dolor es una emoción, en esencia, increíblemente incómoda. Entonces, ¿por qué quedarse a sentirlo? 

Sentir dolor emocional es necesario y sano para nuestro sistema; la psicología lo respalda. Pero, ¿cómo permitirse sentir ese dolor sin la culpa de la sociedad susurrandonos: "¿CÓMO SALDRÁS DE AQUÍ?"? Para eso, establecemos un vínculo único con estos libros desesperanzadores. Citaré a Osamu Dazai en su célebre semi-autobiografía, Indigno de ser humano:

«Quiero morir ahora, más que nunca. Quiero morir, mi vida no tiene arreglo posible, haga lo que haga; sólo sirve para ir de mal en peor; una copa más de vergüenza.» 


 ¿Acaso ven a Dazai tratando de huir de su tristeza? Exactamente. Aunque decir que "simplemente está sintiendo su dolor" sería una simplificación, la magia de autores como Dazai —quien toma inspiración de Dostoievski— es la capacidad de ahondar en los rincones oscuros de la mente con una sensibilidad abrumadora. Cuando alguien lee Indigno de ser humano estando triste y llora por la desgraciada vida del protagonista, en el fondo, también está llorando por su propia vida. Al establecer esa conexión de empatía, muchos nos sentimos identificados con sus ideas. Ese es el refugio: un compañero que ayuda a canalizar el dolor interno mediante una validación radical de emociones intensas.

Aun así, esta no es la única razón; también está el alivio de la "humanidad compartida". Es increíble pensar que autores de culturas y épocas totalmente distintas pueden entendernos. Ahí recordamos que, independientemente de las diferencias, todos somos humanos. En las crisis existenciales, suele aparecer un sentimiento de soledad: "¿Alguien entenderá este dolor?". Estos autores se vuelven reconocidos porque hablan sin tapujos de lo que usualmente nadie menciona públicamente.

Kafka nos consuela con sus palabras en La metamorfosis, mostrando cómo, incluso en la Praga de 1912, alguien tan sensible como él podía sentirse igual de perdido que nosotros ante el cambio:

“Es cierto que cualquier cambio, incluso el más deseado, trae consigo alguna tristeza o nostalgia por el pasado.”


 Todos atravesamos cambios constantes y, aun así, nos apegamos a las cosas, lo que genera esa nostalgia de la que habla Kafka. Psicológicamente, saber que nuestro dolor es compartido alivia notoriamente el sufrimiento; deja de ser una lucha puramente individual para verse como una experiencia común. La humanidad compartida es esencial; después de todo, somos seres sociales.

Estas razones suelen impactar más a personas con una sensibilidad altamente desarrollada, aunque no funcionen igual para todos. De cualquier forma, la literatura es arte y, por tanto, interpretativa. Cada lector tendrá su propia visión, lo cual es hermoso: leer es tener una conversación íntima con el autor; es hablar con Dazai y compartir preocupaciones con Kafka. Para cerrar, me gustaría preguntarles: si hasta los más grandes le dieron un lugar a la melancolía y la ciencia nos dice que estar triste es tan humano como respirar, ¿por qué nos asusta tanto habitar la tristeza? Si no es un error, es nuestra esencia.



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