nada vuelve a ser igual, y eso está bien
Perder no equivale a fracasar, y soltar no es abandono ni indiferencia. Hay una romantización del dolor, como si sentir mucho fuera la única prueba legítima de que algo importó. Si no te desgarra, si no te deja rota, entonces creen que no hubo amor, vínculo, lealtad o entrega. La ausencia debe doler para ser válida; esa es la lógica emocional que la mayoría repite sin cuestionar.
Hace poco hablaron de mí, y de todo lo que dijeron, solo una cosa mínima se me quedó dando vueltas, y es que jamás se me había pasado por la cabeza que usaba a las personas. Me señalaron por no sufrir como, según ellos, debería, cuando alguien se va de mi vida. Y es curioso, porque la pérdida no siempre tiene que ser una tragedia.
La vida barajándose. Lo que un día fue importante no está obligado a seguir siéndolo.
¿Por qué se sataniza tanto la pérdida de vínculos, momentos, conexiones o sensaciones? Está bien que, de un momento a otro, todo cambie. Ahí está lo mágico de la vida. A veces simplemente se cumple el ciclo de las personas y ya. No hay drama, no hay dolor, no hay una ausencia que duela tantísimo y desgarre el alma.
Somos un flujo constante. Energía que llega y se va. Cumplimos una función predeterminada por nuestro destino y después nos disolvemos en el pasado.
Es divertidísimo vivir un vínculo sin apego. Vivo, amo, me vinculo y existo desde un presente que me impide aferrarme a idealizaciones, presencias o compañías, porque siempre he sido consciente de que van a desaparecer.
Y, sencillamente, no es falta de sentir demasiado. Es entender que hay afectos que cumplen su tiempo, experiencias que hacen su trabajo y luego se van, sin más.
Y ese pensamiento incomoda a quienes no saben irse sin quedarse atados. Incomoda a quienes viven de la nostalgia, quienes se refugian en un pasado que ya fue y son incapaces de avanzar.
La vida es de cambios y de aprendizajes. Y me llena demasiado saber que yo no estoy aquí para aprender sobre el desapego. Me costó tres años entenderlo. Me llevó tiempo y una desestabilización emocional, que espero nunca volver a pasar.
No soy inhumana, ni fría, ni una mala persona por no aferrarme. Soy libre de malos sentimientos ligados a un sobrepensamiento de lo que pudo o no haber sido.
Soy de amor, y vivo para el amor. Mi libro de vida está lleno de amor; hacia quienes están y quienes estuvieron. En la vida hay más primeras veces, más conexiones, infinitud de vínculos, de sentires y de nuevos pesares.
¿Por qué quedarme encerrada en una melancolía nostálgica siendo tan joven?
Me falta muchísimo por vivir, por conocer, por crear, por experimentar. Y soy muy consciente de que nada volverá a ser igual, pero eso me alegra, porque sé que será mejor.
Espero con ansias lo que está por venir. Lo que se va no me destruye, lo que viene no me aterra. La magia de la vida. La magia de sentir.
Lo único que me aterra es perder la capacidad de estar presente; vivir preocupada por el futuro o atada al pasado. Habito mi presente. Confío en que cada cosa llega, se vive y se va cuando debe.
Las experiencias, los aprendizajes y los acontecimientos existen para cumplirse, no para encarcelarnos. También está bien cuando terminan.
.jpg)

.jpg)
Comentarios
Publicar un comentario