秋の雨
デジタル記憶

Las personas no llegan a nuestra vida por casualidad

 


Hay personas que llegan a nuestra vida y se quedan. O al menos eso parece. Se quedan un rato, un año, una etapa. Algunas nos acompañan durante ciclos largos, otras apenas tocan la superficie y se van. Y aunque duela, aunque a veces nos cueste entender por qué, hay algo que con el tiempo empezamos a aceptar: no todos los vínculos son eternos, y no todos necesitan serlo para cumplir su propósito.

Vivimos en un mundo donde nos enseñaron a medir las relaciones en años, en formalidades, en permanencias. Pero lo verdadero no siempre responde a la lógica del tiempo. A veces alguien irrumpe en nuestra vida solo para mover una pieza interna, para recordarnos algo, para reflejarnos una herida, para empujarnos a otro lugar. Y cuando esa función se cumple —aunque ni la otra persona ni nosotros lo sepamos del todo— el lazo se diluye, se transforma, o termina. No es fácil aceptar eso. Porque muchas veces queremos retener lo que nos hizo bien, o lo que nos dolió pero nos marcó. Queremos explicaciones claras, razones. Pero no siempre las hay. Lo único claro es que cada alma que se cruza con la nuestra, deja algo. Nos empuja a crecer, a ver distinto, a animarnos a cambiar. Nos acerca, sin que lo sepamos, a ese camino que vinimos a recorrer. Cada encuentro es parte del tejido invisible de nuestra historia. Algunos son suaves, otros intensos, otros incluso caóticos. Pero todos nos sirven. Todos nos afinan, nos enseñan algo, nos revelan una parte nuestra que quizás estaba dormida.

Cuando logramos mirar hacia atrás sin rencor, sin esa necesidad de entenderlo todo, descubrimos que no hubo errores. Que incluso quienes parecieron alejarnos, quienes nos hirieron, quienes desaparecieron sin aviso, vinieron a cumplir un propósito. Y que en ese plan mayor, que a veces intuimos pero no terminamos de ver, cada uno nos ayudó a acercarnos un poco más a lo que vinimos a ser. No se trata de resignarse. Se trata de comprender. De aceptar que nada es tan casual como parece. Que incluso los vínculos más fugaces tienen sentido. Que en esta vida terrenal estamos todos aprendiendo, y a veces para aprender hay que soltar.

Quizás no todas las personas fueron hechas para quedarse. Pero sí todas nos dejaron algo que se queda en nosotros. Nada fue en vano. Todo nos llevó a este instante.

“No hay encuentros accidentales entre almas”.

“A veces amar a alguien significa que no puedes darle lo que quiere. A veces amar a alguien es permitir que la otra persona ame a alguien más. El amor verdadero siempre se traduce en libertad aunque esta verdad sea difícil de experimentar”.

– Comer, rezar y amar de Elizabeth Gilbert

“Cada persona que pasa por nuestra vida es única. Siempre deja un poco de sí y se lleva un poco de nosotros. Habrá los que se llevarán mucho, pero no habrá de los que no nos dejarán nada. Esta es prueba evidente de que dos almas no se encuentran por casualidad”.

– Jorge Luis Borges

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